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Varones y mujeres viven hoy más aislados y ambos sufren por eso, pero son ellas las que más se quejan: "Ya no hay hombres"
- Se comparten ciertas cuestiones, pero abunda la soledad
- Sin embargo, es una época de paradojas: también hay jóvenes que optan por relaciones estables
Preparan la jugada, y al borde del gol, corren el arco y dicen: No juego más. Algunos por falta de tiempo, otros de ganas, sin descartar a los que declaran no haberse enterado de que estaban jugando en el área chica.
Entonces, ellas se quejan: Son unos histéricos. Huyen al compromiso. Ya no hay hombres. Y todo ocurre en este joven siglo en el que por ahora nadie sabe bien si son ellos o ellas los que quieren -o deberían, o tienen que- tomar las riendas y patear la pelota.
Calma, señoras (y señores), calma: "No diría que faltan hombres, sino que éstos fallan. Que un hombre falle no es lo mismo que la ausencia de hombre. Después están los gustos: qué soporta cada uno (y cada una), y qué no. Ahora, ¿achacar la enorme dispersión de relaciones fugaces y sin el más mínimo compromiso a la histeria masculina? No, eso no".
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Histéricos
¿Cómo dijo? "Que existe la histeria masculina, aunque con algunos rasgos diferentes que los que caracterizan a la histeria femenina. Que las mujeres nunca han dejado de relacionarse con hombres histéricos y que, sin embargo, el problema de la sociedad contemporánea no reside allí. Está más relacionado con la decadencia de la función del padre (su autoridad, su presencia, su decir no) y la disolución de la familia, por mencionar dos de los signos más evidentes de nuestra contemporaneidad."
Así las cosas, el punto es cómo esto ha repercutido en hombres y mujeres para dejarlos, a veces, aferrados a ese pesimismo de la peor calaña en el que todos (ellas y ellos) terminan denunciando falta de stock.
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Estar con alguien
Formas que, entre otras, abarcan el uso exagerado del chateo o el email (las personas dialogan...alejadas), o la posibilidad de comprar en el supermercado empleando la computadora, sin salir de la casa, y -por ende- sin vincularse con los otros.
Entonces, "hay hombres y mujeres entregados a un goce autista difícil de conmover, replegados sobre sí mismos, sin mucho interés de relacionarse con el semejante más que bajo ciertos estilos de goce compartidos". Es el caso de los grupos cerrados, que comparten determinado gusto (por ejemplo, las drogas) y eluden crear lazos sociales más amplios.
¿Será pretencioso, en estos tiempos, preguntarse cómo se hace para ser medianamente feliz? "Freud decía que para que un hombre fuera medianamente feliz debía vencer el respeto a la mujer que situaba en la proximidad de cualquier mujer con la madre o la hermana."
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¿Y la mujer? ¿Respeta hoy al hombre? "¡Por supuesto! El problema es que cada vez le cuesta más sacarlo de la computadora, del trabajo (si lo tiene). O, en otra dirección, de las múltiples formas de droga que ofrece el capitalismo actual, ¡para que estén con ellas! Y eso en el mejor de los casos, esos en que ella esté interesada en estar con él al menos para quejarse (No me prestás atención; no me dijiste que la fiesta era informal y estaba mal vestida, etc.), porque a estas alturas también está prefiriendo el trabajo o la computadora..."
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Vale la pena aclararlo: el toco y me voy no es lo único que existe por estos días. "Es difícil generalizar. Se podría decir también todo lo contrario: se nota un retorno, en la juventud, a noviazgos largos de bastante compromiso, mientras al mismo tiempo está esa dispersión enorme de relaciones fugaces (de curtir y ya), sin el más mínimo compromiso. Pero están las dos, y seguramente hay más. Es una época de grandes paradojas que no sabemos en qué va a terminar."
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Por el momento, cuando ellos o ellas denuncian: Histeria, están vislumbrando "las enormes dificultades que hay hoy en día en la asunción de cualquier tipo de compromiso y en lo que cada compromiso que se asume implica".
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El valor del sujeto
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Mientras tanto, en tiempos de confusión y paradojas, el terreno es más que fértil para los que siembran soluciones mágicas contra el mal de amores. (Llámenos, tenemos pastillitas y cirugías para que usted se vuelva la persona ideal para el sexo opuesto.). Y también para los que tiran pelotazos en contra (Esta época es así).
Se la dejan picando a los que se niegan a aceptar aquello de No haya nada que hacer, y rescatan el valor de la subjetividad: "la mayor responsabilidad que se conoce: la que cada uno tiene consigo mismo.
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Allí donde quede un resto de vergüenza, una debilidad en el deseo, una pregunta sobre el amor, el mayor compromiso que se puede pedir es querer abrir una pregunta sobre eso".
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*Fuente consultada V. Shapir.













