04 octubre, 2006

Un sábado y un hombre (es)Tupidos.

Volvía de trabajar, escuchando los temas que había escogido en su reproductor de mp3. Se detuvo a comprar flores, es la época de las fresias y le gusta ponerlas en agua para perfumar su casa. Siempre creyó que cuando se siente bien durante mas de 8 horas y en un mismo día entonces, es una buena ocasión para comprar flores. El buen humor y el bienestar consigo misma los asocia con que haya flores en su casa. Si no hay Romeo que regale flores, esperemos al buen humor de la novena hora, pensó.
Ya en su casa, puso las flores en agua y el celular comenzó a vibrar. Le había llegado un mensaje de texto de Felipe que, bastante ansioso, comenzaba a tantear con indirectas poco sutiles si ella mantenía reservada la noche del sábado para salir con él.
Sí, ella la mantenía reservada.
Con paciencia y con esmero, respondía los mensajes de texto de Felipe. Pasaba la tarde y, con mas paciencia que esmero, le confirmaba su sí para ese sábado. Apenas molesta por tanta insistencia y desesperación.
Habían estado juntos solo una noche, bastante trunca pero, justamente por eso, ameritaba una segunda oportunidad para ver si las cosas mejoraban o si era una incompatibilidad sin retorno.
Lo extraño era que Felipe la había pasado "E-S-P-E-C-T-A-C-U-L-A-R" esa misma noche que Ema prefería dejar atrás y, por eso, tenía reservado ese sábado. Ema sabía que, en verdad, ella se había comportado de una manera bastante generosa y solidaria, aquella noche y, por lo tanto, comprendía que él la recordase como espectacular. Pero de favores no se puede vivir cuando se trata de compartirse sexualmente. Entonces, la segunda oportunidad era letal para Ema, para Felipe era mas bien un sábado increíble asegurado.
Felipe hace mucho tiempo que no estaba con una mujer. La última mujer con la que había estado era su ex novia, y ya habían pasado unos 5 meses. Durante esos 5 meses se la pasó trabajando, haciendo reuniones (bastante parecidas a las que hacen los adolescentes) con sus amigos - téngase en cuenta que Felipe tenía 30 años -.
Con un discurso poco creíble trataba de asombrar a Ema a quien, no solo no le resultaba sensato sino mas bien estúpido por el poco sustento que tenía aquella postura de macho inconmovible (que no provoca que le guste mas un hombre, sino todo lo contrario).
Aun así, había una segunda chance. Ese sábado.
Alrededor de las 20:30 hs, Felipe la llamó y hablaron para ultimar horarios y lugar. El lugar acordado fue la casa de él y el horario dependía de Ema, dado que tenía una cena con su familia, con lo cual, cuando terminase iría para la casa de Felipe.
La cena fue entretenida y duró hasta la 1 a.m. aproximadamente. Cuando estaba por salir, le mandó un mensaje de txt a él para avisar y así, se dirigió hasta la casa de Felipe.
Felipe la esperaba ilusionado y ansioso como un niño que espera para abrir regalos grandes. Había ordenado su casa y, también, la había limpiado. Lucía muy bien y creyó que era lo correcto para esperarla y que ella se sienta bienvenida.
Ema llegó con una botella de vino tinto, sirah. Él lo sirvió y se sentaron en el living a beberlo y conversar.
Él tomó su saco y lo colgó en el perchero del living. Hablaron de diversos temas. Ema sentía que, la mayoría de los temas, él los quería cerrar rápidamente como queriendo pasar a la "etapa siguiente" y eso le molestaba bastante. Reaccionó como lo hace siempre que percibe ese tipo de actitudes y, entonces, buscaba temas y más temas para continuar hablando.
Siempre creyó que una cita de esas características amerita beber un buen vino con una charla interesante de por medio, antes de pasar al toqueteo y la excitación. Parece que Felipe reaccionaba al estilo canino y no como Ema hubiese preferido.
Aun así, siguieron conversando un largo rato pero Felipe comenzó a manosearla y acercarse para besarla y, de esa manera, no dejarla hablar demasiado.
Ema no podía beber el vino, no podía disfrutar su cigarrillo, no podía darle chances para que, hablando, remonte la pésima imagen que se había llevado de él en la cita anterior, no podía desear sus besos porque Felipe estaba tan encima de ella que provocaba mas rechazo que deseo.
Siguieron una hora más en ese sillón, ella tratando de conversar o disfrutar el buen vino y la tranquilidad, él queriendo sacarle la ropa y tirándose encima de ella como un animalito.
La situación se fue tornando densa asi que Ema pensó que lo mejor era dejarse llevar y pasar esa noche de la mejor manera posible, si es que todavía había posibilidades. Ni si quiera pudo fumar un cigarrillo de marihuana que la hubiese ayudado a desconcentrarse un poco y sacar de foco esas ideas sobre él, como para poder disfrutar un poco más la velada. El ataque de Felipe, cual fiera desatada, era cada vez más pegajoso, asi que no hubo más tiempo para nada.
Pasaron al dormitorio de Felipe.
Él propuso poner una película y ella, encantada por el supuesto stop de la fiera, dijo que sí y eligió la película. Vidas privadas fue la película que escogió de las opciones que él le dio. No la había visto y, si bien no tenía buenas críticas, quería verla.
Felipe puso la película y, ambos, con algunos mimos de por medio se dispusieron a verla.
Al cabo de menos de 5 minutos, cuando Ema ya estaba inmersa dentro de la trama, Felipe comenzó a tocarla y provocarla. De nuevo esta situación, pensó ella. Por Dios, le voy a pegar una piña fuerte si sigue, pero voy a tener que seguirlo, ya estoy metida acá y ahora no puedo bancarme una mentira para salir, asi que hay que pasar esta noche cómo sea, continuó pensando Ema.
Los minutos siguientes fueron el inicio de una situación bastante bizarra para ella y de, una buena noche de sexo para él después de tanto tiempo. Qué bueno encontrar una mina para coger un par de noches por semana después de todos estos meses de ayuno, estoy contento y quiero seguir con esto y no preocuparme por aprender los mandamientos básicos para coquetear con una mujer, pensó Felipe y se sentía felíz y complacido como si no fuese él.
Su ex novia le había planteado, antes de cortar la relación y de manera muy contundente, que él no cogía bien y que, sexualmente no sabía hacer muchas cosas necesarias para el buen sexo y que tenía que mejorar erótica y sexualmente cuanto antes. Luego de aquel episodio, Felipe se encontró teniendo problemas para mantener su erección y, para sentirse sin complejos en la cama con una mujer. Ya no había vuelto a ser cómo aquél que era antes de dicho episodio. La primera noche que estuvo con Ema, había tenido esos problemas y había tratado de hacer lo mejor que podía para no enturbiar la emoción de momento. Tuvo dudas sobre cómo la pasó Ema esa noche y sobre lo que había sentido con relación a lo sexual pero cuando vio que ella respondía favorablemente a su invitación del sábado por la noche, creyó que ella había gozado y disfrutado plenamente de aquel jueves que pasaron juntos por primera vez. Ahora, se encontraba hundiéndose en sus tetas y tocándole ese culo que tanto le gustaba porque era, simplemente, perfecto. No soy digno de esa colita y esta mujer, pensó Felipe y se sumergió en el cuerpo de Ema como un tormento alocado por meterse entre las nubes en una noche lluviosa de invierno.
Ema trató de frenarlo en varias ocasiones, hasta llegó a decirle que quería ver la película y luego dedicarse a lo que los reunía, pero no hubo forma y ya lo tenía encima, chupándole las tetas y diciéndole que le gustaba su culo, que era hermosa y que era un pedazo de mujer infernal. Qué horror que encima me diga estas cosas, pensaba Ema mientras lo sentía a Felipe, intentando desnudarla por completo para luego, hacerlo él.
Le sacó la ropa y, seguidamente, él también se desnudó.
Lo sentía encima, desnudo y se dejó rozar un segundo sin pensar en nada, a ver qué se sentía piel con piel. Se sintió molesta y con cierto dolor, luego de estar 10 minutos con Felipe encima. Miró bien el cuerpo de él y volvió a mirarlo. Notó algo extraño y trató de investigar un poco más. De un momento a otro, comprendió qué era aquello que raspaba tanto su piel: Él se pasaba la maquinita de afeitar por todo su pecho y por toda la espalda y, los pelos en pleno crecimiento de semana y media, se asomaban pequeños, duros y fuertes. La pinchaban, la raspaban y le dolía.
No solo se afeitaba una parte, sino todo el pecho y la espalda.
Mientras él intentaba, ahora, penetrarla, ella sentía algo entre sus piernas pero estaba muy flácido y era muy pequeñito.
Felipe tenía un pene muy pequeño y, encima, problemas para mantener la erección - no olvidemos este dato, por favor -.
Ema cerró los ojos y trató de montárselo como una yegua caliente, lo más rápido posible. Si acaba muy rápido, le doy un premio, lo juro, pensó ella.
Él estaba tan caliente y emocionado al verla gozar tanto, que se dejó llevar por su excitación y se vino al escuchar el orgasmo de Ema.
Ema veía que Felipe estaba cada vez mas caliente y sintió estar cerca de su objetivo y tener que hacerle un regalito, por lo tanto, comenzó a fingir un lindo orgasmo como para terminar de calentarlo y darle la señal esperada que indica: "Ahora podés acabar, no sos un egoísta, ella ya lo hizo".
Felipe se vino y disfrutó cada segundo de la buena cogida.
Ema sintió la gloria cuando sintió a Felipe terminar.
¿Me habré perdido mucho de la película o estaré a tiempo de verla bastante completa?, pensó ella mientras encencía un cigarrillo.
Él se acomodó cerca de ella y la miraba sonriente.
Ella fumó y él fue a apagar la película. Fuck you, nene, tuvo ganas de gritarle a él.
Tirados en la cama, ambos, desnudos y en silencio, permanecieron un pequeño rato.
Terminado su cigarrillo, sintió que él respiraba de un modo distinto, casi con un ronquido y eso le indicó que se había dormido cuál cerdo luego de comer.
Bueno, habrá que intentar dormir lo mejor posible, voy a pensar en Ringo y a inventarme alguna historia nueva a ver si puedo ir provocando que me de sueño, se dijo a sí misma hasta que se durmió.
La luz entraba por la ventaba que tenían frente a la cama y despertó a Ema pero se quedó tratando de volver a dormirse un rato más. Lo logró pero a los 35 minutos, sonó su celular. Era Johny y quería hablar con ella, necesitaba hablar con ella. Ema atendió y, sorprendida por la llamada de Johny un domingo a las 12:30 hs, le dijo que estaba dormida y que la llamara luego.
Cortó y se despertó definitivamente, asi que comenzó a moverse.
Luego del primer movimiento de ella, él sintió su cuerpo y se despertó también.
Se saludaron, y ella salió rápido al baño.
Hacía pis y se sentía con mucho dolor. Se miró en el espejo y Zas!, tenía sus costillas rojas, su vientre en llamas y la espalda colorada, toda paspada y con dolor. Maldito oso de mierda, dijo Ema mientras tiraba la cadena del baño.
Qué caliente me desperté y cómo me la voy a volver a coger, pensó Felipe reposando en su aposento luego de tirarse algunos pedos y esperando que Ema regrese del cuarto de baño.
Volvió al dormitorio y Felipe la esperaba con una sonrisa. Ella no se animó a decirle nada sobre su cuerpo paspado, le daba vergüenza ajena. Quería irse cuanto antes.
Felipe se acercó a Ema y comenzó a manosearla. Ella ya no pudo resistir sus ganas de decirle los peores insultos que jamás había dicho, y se corrió suavemente. Luego, él volvió a insitir y ella volvió a resistirse. Nuevamente pasó lo mismo, pero ahora se agregan los besos pegajosos y llenos de saliva recien levantada. Ella le hablaba y mientras lo hacía, una mentira comenzó a salir natualmente de su boca y le gustó tanto que la terminó completa. Él no quería que Ema se fuese, quería pasar el domingo con ella, le gustaba mucho y quería tenerla a su lado, pero escuchó el celular de Ema y ahora, comprendía que había surgido una partida de TEG posprogramada y tenía que dejarla ir.
Sintió que él intentaba una vez mas cogérsela, pero se negó con movimientos poco disimulados. No le importaba a esta altura si él se daba cuenta.
Le pidió un café y él se lo trajo, encendió un cigarrillo y comenzó a ponerse la ropa interior, indicándole a él que en breve se iba a retirar. Mientras se vestía, lo miró y lo vio desnudo con el slip puesto y con mucha luz. La espantó ese pecho con pelo a medio crecer y tuvo que preguntarle (no solo se sentía horrible ese pelo rozando su cuerpo sino que ahora lucía mal).
-
- ¿Vos te hacés algo en el pelo de tu cuerpo?
- ¿Por qué lo decís? , preguntó él mientras se tocaba la panza y se miraba.
- Porque me da la sensación que tenés el pelo de tu pecho y tu espalda como cuando alguien se pasa la maquinita.
- Ah, sí. ¿Te diste cuenta? Qué, ¿Se nota?
- Si, me dí cuenta... y se nota...mucho se nota, se siente. ¿Qué es lo que te hacés?
- Me paso la maquinita en el pecho y en la espalda porque tengo mucho mucho pelo, no sabes lo que soy, y no me gusta. ¿Te gusta así?
- No, no se si me gusta, no pensaba en eso. Pero me intrigaba y me parecía raro que un hombre se saque los pelos. Aparte los pelos naturales del hombre, aunque tenga muchos, son suavecitos. En cambio, si te los afeitás, se quedan muy duros y como que parece que raspa, dijo ella tratándo se no ser demasiado cruel.
- No, pero no sabes lo que soy yo. Tengo mucho pelo, es demasiado, me lo tengo que sacar, aparte no me gusta...
- ¿Y no probaste con depilarte con cera? Se me ocurre eso porque no crecen tan duros, los va debilitando la cera. Eso nos pasa a las mujeres con los pelos que nos depilamos.
- Si, vos te depilás toda toda. No tenés ni un pelo. Eso me flasheó a full la primera noche que estuvimos juntos, me vuelve loco. Te toco y sos toda suavecita, hermosa.
- Sí, soy fundamentalista del no-pelos-salvo-los-de-la-cabeza. ¿Está bueno que el otro se sienta suavecito, no?
- Si, es buenísimo, me enloquece, me dan ganas de raptarte acá por unos días y quedarme en bolas con vos, tocándote todo el tiempo y sintiendo tu piel. Me pongo re peluche (?).
- ¿Qué es "re peluche"?
- Jaja, re peluche es como un osito, como mimoso, como pelotudo bah.
- Ah si, re OSO! Jajaja!!, y apenas terminó de decirle eso pensaba en los pelos de un oso medio salvaje y medio panda.
- Pero si, me depilé un par de veces.
- ¿Fuiste a una depiladora o qué? Explicame bien.
- Si, fui a un lugar como los que van ustedes y me depilaron el pecho y la espalda pero no sabes lo que fue. Me re dolió, horrible.
- Bueno, pero la primera vez siempre duele un poco, luego ya no.
- Si, ya se, pero la mina me dijo que era muy díficil depilarme porque tenía demasiado pelo, que nunca vio a alguien con tanto pelo. Asi que me tenía que ir sacando de a partecitas muy chiquitas, y era un quilombo.
- Ahhh, claro. Qué mal eso. Pero te podés poner cremita o afeitarte mas seguido como para que no te salgan tan duros.
- ¿Pero se nota mucho, che?
- Y sí, estoy como un poco paspada. Pero quizás soy yo que soy demasiado suevecita y tengo la piel muy sensible, qué manera de decir boludeces pensó Ema.
- Si, que se yo. Un día me podés pasar la maquinita por la espalda. Me re cuesta sacarme atrás. ¿Dale?...

(Silencio muy largo)
-
- Estaría re bueno. ¿Dale?, insistió él.
- Bueno, no se si tanto...nunca afeité a alguien. Vemos, otro día vemos.
- Dale, sí. Estaría re bueno.
- ... ajá, balbuceó con disgusto y un rechazo tal que tuvo que apurarse y vestirse más rápido.
- ¿Está rico el café?
- Si, re rico, gracias.
- ¿No querés comer nada?
- No, no, gracias. Con el cigarrillo y el cafe me levanto 10 puntos.
- Ah es bueno saberlo.
- Si me estuviese levantando en mi casa, pondría música.
- Qué bueno.
Poné música, imbécil!!!!, pensó ella en ese mismo momento.
- Si, re bueno.
- ¿Ya te vas? ¿Ni un ratito más te podés quedar?
- No, no puedo. No sabía que me iba a tener que ir tan rápido, pero ya quedamos y sino llego a cualquier hora y termino haciendo todo rápido y los domingos no me gusta tener apuro.
- Claro, está bien. Bueno, pero la próxima te quedás todo el domingo que es un bajón y que re da para pasarlo juntos.
- Si, vemos. Todo bien.
- Buenísimo. ¿En qué te vas?
- Y no se. El día está re lindo, pero no se qué puedo tomarme asi que seguro en taxi.
- A vos te deja el 152.
- ¿Dónde me deja? ¿Dónde se toma?
- Lo tomás acá a la vuelta, yo te acompaño. Y te deja a 4 cuadras de tu casa mas o menos, en el camino te explico bien.
- Ah, buenísimo. Nunca tengo idea de lo que puedo tomarme. No salgo de 3 colectivos que suelo tomar.
- Si, ese te conviene.
- Buenísimo.
- Qué colgada que sos.
- Si, eso dicen.
- Si, a full. Pero te queda bien. La pasé muy bien anoche y hoy. Me gusta estar con usted, señorita.
- Bueno, gracias Señor. ¿Yo dejé mi sweeter en dónde?
- Ah, yo te lo colgué allá en el living cuando llegaste anoche.
- Me lo iba a olvidar. ¿Me lo pasás? De paso vamos para allá que tengo mi cartera allí.
- Dale, si. Tomalo. Estaba acá, ¿Ves?
- Ahh, ni me había dado cuenta. ¿Me acompañás entonces?
- Si, si. ¿Cómo no te voy a acompañar?
- Jaja. Por suerte tengo en la cartera mi reproductor de mp3. Asi que voy escuchando música que yo elegí, me encanta eso.
- Qué linda que sos.
- Hace calor, mirá cómo está el día, un sol tremendo.
- Si, está re lindo. Ahora cuando vuelvo voy a prepararme algo para almorzar y después voy a mirar a River al barcito de la esquina.
- Ah cierto, es domingo y hay fútbol.
- Si, niña! Claro!!
- ¿Tarda mucho el colectivo? ¿Tenés idea?
- No, viene rápido. Mirá, allá a lo lejos viene uno.
- ¿En serio? No veo nada sin anteojos. Un desastre lo mío.
- Jaja. Para algo estoy yo, linda.
- Jajaja. Bueno, hablamos, dale? Pasala bien con tu domingo.
- Dale, ganá el TEG y hablemos. A ver si la próxima conozco tu guarida y pasamos un domingo más tiempo.
- Muá.
-
Al llegar a su casa, se desvistió, se prendió un cigarrillo, preparó un Campari con tónica y limón, puso a los Beatles a todo volumen, y prendió su ordenador. Mientras iba hacia el tocador, se miró en el espejo y se vio completamente paspada. Hizo pis y tomó un pote de crema para el cuerpo. Se dio un buen baño y, al salir, volvió a tomar la crema, se tiró en el sillón desnuda, y comenzó a pasarla por todo su cuerpo herido por un tupido animal.
Esta historia no va, nunca más, yo sabía... ¿Para qué me meto en estas cosas?, pensó mientras bebía su Campari.
Se puso la ropa interior color celeste que tenía preparada en el cuarto de baño y comenzó a cantar el estribillo de "All I've got to do".

3 comentarios:

El Escribidor dijo...

El texto no es sexy. Lo que pasa es que después de leerlo, a la larga, queda la sensación de que estás buena y hacés las cosas bien para ser bien cogida. Algo así.

StingRay dijo...

Algo de razon tiene el mensaje anterior, si no te conoce entonces la pegó de pedo.
Me parece que me voy a ir a dormir antes de que se me prenda la moto, te vaya a buscar, te secuestre y te meta en un hotel alojamiento. Re porno.

VampiBlog dijo...

Excelente relato de una noche espantosa. Yo pase algo similar una noche que intentaba reconciliarme con mi ex. Senti practicamente cada una de las situaciones que relatas y realmente no se lo deseo ni a mi peor enemigo.
Felicitaciones!
Beso
Vampi
p.d.: te agrego como link a mi blog por que realmente me gusta lo que escribis.
vampiblog.blogspot.com