09 septiembre, 2006

El Gordo Triste

Escucho el tango el Gordo Triste cantado por Goyeneche – Piazzola, en ese disco que ya en las últimas de mi relación con Ringo logré grabarme (malditos momentos que me dejan recuerdos espinosos pero necesarios).
Me acuerdo como si fuese hoy, el día que Ringo estaba detrás de la barra, yo lo había ido a buscar, alrededor de las 6 de la mañana, como siempre, y estábamos los de siempre, entre ellos Pako.
Y Ringo le puso este mismo tango (ese mismo disco que sonó esa noche fue el que me grabé y ahora estoy escuchando) y se lo dedicó a Pako y, luego de hacerlo, nos miramos de una manera dulce, enamorada y dolida. Fue parecida a una de esas miradas que solíamos regalarnos con Ringo el primer año que compartimos juntos, cuando el amor era mas fuerte y cuando no imaginábamos todo lo que iba a suceder posteriormente.
Entonces estaba hablando de esa mirada que nos dimos y comenzó a sonar el tango y lo disfrutamos todos, cada uno con sus pensamientos, hubo silencio entre nosotros y cada uno pareció conectar con alguna pena traidora que se anda escondiendo siempre pero que a veces se asoma y no derrumba sin explicaciones.
Y lo amé mucho en ese momento.
Lo amé mucho desde un primer momento, desde que lo conocí, con mirarlo ya veía detrás de todo lo superficial, el hombre mas bueno del mundo y me había tocado tenerlo, por fortuna, a mi lado, y era mío, y me amaba, y me adoraba, y me decía cosas lindas a cada momento, y se volvía loco por mi, y se enamoraba mas cada día, y se excitaba solo con verme caminar en bombacha y hasta cuando yo hacía taradeces, éstas se llevaban un piropo.
Ese Ringo tan mío, tan amado, tan doloroso.
Y escucho el tango una y otra vez y lloro, y grito, y siento que nunca voy a parar, porque me acuerdo de ese amor tan grande y ahora no tengo nada, ni un querer pequeñito, nada.
Y sufro por no poder volver el tiempo atrás (si, sí. Ya se que no puede volver el tiempo atrás, que no sirve de nada pensar en eso, que por algo pasan las cosas, que ya se me va a pasar, que ya va a venir algo mejor, que no lo merecía (o si) y que todavía soy joven y mierda, mierda acumulada que la gente me repite y no entiende. Se olvida del dolor que lastima sin parar y te deja agonizando).
Entonces me encapricho, y quiero volver el tiempo atrás y fantaseo sobre cómo sería si yo lo lograse, y le cambio las desdichas y lo amo igual pero sin errores, lo amo con madurez que no tuve y entonces, no lo lastimo como ese sábado que me leyó la correspondencia y eso manchó todo de negro, oscuridad, desilusión, gritos, llantos, amenazas, pedidos de auxilio, ataques de pánico (o de amor), puteadas, te amos (porque eran muchos), despedidas y reconciliaciones, vinos y particulares, y El Gordo Triste (y también Grisel – que él siempre me dedicó – y aun no puedo volver a escucharlo), y luego del infarto amoroso, un largo silencio.
Un silencio que a veces es tan adulto que me espanta.
Un silencio que respeto tanto que me enoja, un silencio que ya no estoy pudiendo soportar pero no tengo más opciones.
Si rompo este silencio que me está consumiendo de a poco y que va a pisotearme como lo último que haga conmigo, no logro nada y eso también me duele.
Pero me duele distinto. Me duele porque se que él me ama, porque se que estamos hechos el uno para el otro (y aunque nunca más volvamos a estar a juntos – las historias en mi vida nunca tienen un final feliz – y cada uno “rehaga” su vida), siempre vamos a tener noches en las que, probablemente, nos encontremos pensando uno en otro, y suene el llamador de ángeles que yo le regalé y que está en su patio, y ahí vamos a cambiar de tema y seguir viviendo dentro de este mísero y lastimoso silencio.
También me duele saber que él no está sufriendo como yo este silencio. Él nunca sufrió los silencios y las distancias. Es más bien del tipo de hombre que, aunque sufra, extrañe o ame, puede vivir lejos de esa persona y encontrar un alivio en el silencio porque lo soporta.
Nunca entendí esa forma de vivir y de sentir. Siempre quise ser un día de esa manera para saber si se vive mejor que los que somos de la otra manera, no del grupo silencioso.
Y no me lo encuentro, y no nos cruzamos, y la vida no nos regala ninguna casualidad, la vida nos separa cada día más, nos convierte en extraños (Ay! Maldito fantasma de pasar a ser extraña en la vida ajena! No me persigas mas porque se me hace demasiado pesado tu mandato) y nos hace cada vez mas esclavos de ese silencio.
Nunca pasamos tanto tiempo sin vernos y sin hablar, sin tener ningún tipo de contacto como el que estamos transitando ahora. Es el primer “despegue” perdurable, es la ruptura personificada, que toma cuerpo y poder y nos va bañando de diferencias y nos vuelve a convertir en dos seres solitarios por Almagro que siguen su rutina sabiendo que todos necesitamos amor (como decían los Beatles, permiso) y sin embargo, aguantamos esperando que nos den amor.
El problema es que nadie me va a dar su amor. Y no es lo mismo el amor que su amor. Yo quiero y necesito su amor. Me conformo con amor y me abrazo a él porque lo necesito pero no me completa como su amor. Me entretengo teniendo sexo, durmiendo con extraños amigos, pidiendo auxilio a los amantes, acreditando nuevas historias que no llegan al romance.
Y ya no lo tengo y ya no vuelve.
Y por qué nadie escribe sobre esto?
Por qué siempre cuentan las historias cuando éstas se terminaron y ha pasado un tiempo suficiente como para estar contándolas “del otro lado” (y no desde adentro)?
Siempre se sale de esta oscuridad amorosa?
Nadie quedó atrapado y nunca volvió a ser feliz? (aunque se haya conformado con buenos momentos de a ratos).
Yo siento que quedé atrapada, que hubo un antes y un después de Ringo y que mi vida ya quedó supeditada a no poder sentir amor del bueno y felicidad al mismo tiempo. Eso se lo llevó él y no me lo puede devolver porque es lo que tenemos en común.
Y es tan fuerte lo que me está pasando que me pierdo, que mientras intento contar algo de lo que vivo, me atrapan recuerdos, momentos, preguntas que me pasean por muchos sitios de la memoria y me dispersan de esta narración.
Y cuando eso sucede, los que escribimos, pensamos que ya no sirve lo que uno comenzó a escribir con el objetivo de que pueda quedar cerrado y pasar a ser digno de darlo a conocer.
Porque entonces pasa a ser algo desprolijo, sin un hilo conductor, confuso que se parece más a una descarga anímica que algo relacionado con la narrativa.
Claro que esta sensación empeora mi angustia porque entonces, directamente siento que ni si quiera puedo escribir, y si yo no puedo escribir es como si no pudiese respirar.

4 comentarios:

Carito aprehendiendo dijo...

Lucy amiga por dios! que desgarro. Que conocido. que penosa coincidencia. Que dolor reflotado. Parece que fua hace añares no?
Que veneno hermana que veneno.

Ya no me engañas, descubrí tu blog dijo...

Hola, Lucy.

Muchas gracias por tu comment.

Por tu post, veo que eres muy apasionada. Muy intenso tu escrito.

Sobre mis terapeutas, en realidad son los bloggers que con más frecuencia, y a mi entera discreción, recluté como tales. Ninguno ha estudiado sicología ni nada parecido. De todas formas, sí estoy yendo a un terapeuta propiamente tal. Un sicólogo y un siquiatra. A ellos me refiero como los docs.

Saludos

julie delpi dijo...

uff...honey...q lindo y que duro leerlo...

tan tan pensando en algo lo lei....
le daria un abrazo!

gracias...
besos

Premio consuelo para Lucía Folino dijo...

que distancia entre Ringo y el tipo que no tenía efectivo...


¿lo volviste a ver?
A veces hay eso que llaman destino.