Alrededor de las 13:30 hs del miércoles llegó un mensaje a mi celular que me preguntaba si me había arrepentido de la propuesta para la nuit. Respondí que no. Inmediatamente, llegó la hora y la dirección del sitio a donde íbamos a encontrarnos. Me aclaró que cuando esté en la puerta que llevaba esa numeración, le mande un mensaje.
Por la noche, luego de desatar toda una mega producción (sin exagerar, of course, nunca queda bien tanto) y de darme ese "Ok" que uno suele darse cuando se chequea por última vez en el espejo como para darse esa aprobación final que determinará si una está 0 km para salir o si debe ir al placard nuevamente, me dirigí hacia allí. Al punto de encuentro. Moría por él. Alocadamente, con ganas, con pasión.
Ya tenía en mi mente la parte que me correspondía en cuanto al segmento de la noche que atravesaba mi elección de "algo distinto". Se podía decir que estaba preparada, aunque claro, todo sabemos que nunca alguien está preparado para algo que no conoce. Whatever, sentía algo parecido a estar preparada, para no ser contradictoria.
Situada donde me había indicado My Beautifull Boy, le mando el mensaje: Aquí estoy, So?, me respondió rápidamente: Entrá. Y yo pensé: (?)
Toqué el timbre y me abrió una mujer con rasgos y atuendos muy particulares que me preguntó quién me esperaba y me condujo hacia ahí. Ahí, estaba él. Hermoso, con su look, con su onda, él entero y espectante. My God. Lo saludo y las miradas, a partir de ese momento, se congelaron y no se quitaron de nuestros ojos ni por un segundo.
La velada fue maravillosa.
Se que se estarán preguntando dónde estábamos. Les cuento, corresponde que así lo haga.
Era un lugar para cenar, comida Tai pero que de afuera luce como una casa, de las antiguas pero cuidadas y lindas. Una toca timbre y entra. Se manejan con reservas. Solo atienden a 11 "mesas" y nada más. La atención es very personalizada y cada detalle está cuidado al máximo. Todos deben quitarse los zapatos y sentarse en algo que parecen almohadones muy grandes y confortables. La mesas son bajitas y pequeñas. La comida sutil y especial. Las luces justas para una situación de este calibre. Hay unas 4 personas a un costado, tocando instrumentos poco convencionales y se escucha música de la región. En mi vida me hubiese imaginado que eso existía en Buenos Aires. Pero se que existen muchas más cosas en Buenos Aires que yo ignoro y esto, me lo confirma una vez más.
¿Qué escenario podía ser mejor para la seducción y para una única cita? Ningún otro, creo.
Los dos eramos concientes de que la noche iba a ser larga y que queríamos cosas distintas a lo que solíamos hacer. Disfrutar de cada una. Pensé, en ese momento, que no había algún lugar en el cual, esa noche, yo no pudiese disfrutar con él a mi lado. Imposible.
Habíamos bebido bastante y nos sentíamos muy bien, porque estábamos bien, por supuesto. Y ahí, sin más, llegó mi propuesta: Partimos hacia donde yo indiqué. En el camino, le iba a decir de qué se trataba dado que, la propuesta, incluía un detalle "de diseño" (como le dicen) no menor que, nos colocaría en un estado de éxtasis magnífico para provocar entre dos personas que no hacen más que atraparse, gustarse, y esperan el momento de tocarse, verse, besarse pero lo dilatan para aprovechar todo y por partes. Porque se instaló como parte del juego que ambos estábamos promoviendo y nos convencía el efecto resultante.
Entonces le conté que lo que íbamos a hacer, yo nunca lo había hecho antes, pero que sólo por las circunstancias de la nuit, me había parecido divertido y muy seductor, también excitante.
Le mencioné el sitio (muy conocido) y le expliqué que algunos miércoles había unos DJ especiales dado que era noche de Reggaeton. (aclaro que no escucho reggaeton y que prácticamente, no conocía más que el ritmo y lo que provocaba su baile)
Es sabido que es un ritmo super hot, con mucho pegoteo, roces, cercanías, y altas temperaturas. ¿Qué más queríamos?
Se rió y me felicitó por mi originalidad mientras le repartía mi sorpresita de design, ideal para acompañar ese momento. Entramos. Ninguno sabía bailar dicho ritmo pero no importa en medio de ese contexto, porque basta con mirar alrededor y comenzar a dejarte llevar. Así lo hicimos. Bailé como never in my short life. Bailó como nunca lo había hecho, dijo. Cada movimiento nos acercaba, nos hacía tomar contacto de la mejor forma, de a poco pero con mucha seducción. Transcurrió la noche. Nos divertimos de una forma sorprendente. El momento top del baile fue cuando me agarró de la cintura para que siga sus ritmos. My God.
Se había hecho bastante tarde, habían pasado unas horas y estábamos en el apogeo de la atracción absoluta y, nuevamente, se segmentaba la noche para que le vuelva a tocar el turno de elegir dónde seguiría y, al mismo tiempo, terminaría nuestra única nuit. (nunca hablamos about que iba ser la última noche ni la única, creo que ninguno tuvo ganas de tocar ese tema, estaba claro)
Salimos del lugar (Hot)Reggaeton y, again, no me dijo a dónde íbamos. Sorpresa.
Hasta que llegamos. Y ahí, frente a mí tenía al Four Seasons Hotel. My God, again.
Estaba todo reservado previamente y, debo reconocer que eso me soprendió mucho más aún. Y ahí mismo, luego de pasar la recepción, propuso pasar a beber un drink por el bar y con eso, yo quedé mirando las estrellas (y presiento que con algún gesto de quinceañera enamorada)
Cuando me voy de viaje y estoy de regreso en el hotel donde paso mi estadía, siempre paso por el bar antes de ir a la habitación. Es que los bares de los hoteles tienen un encanto sutil, al mejor estilo "Lost in Translation" que me fascina. Y, como para que no quede un detalle afuera, bebimos Whisky. Cada uno su favorito.
Más tarde, abandonamos el bar, por supuesto.
Muchos se preguntaban por el día después.
Hoy, tuve un día grandioso.